El oasis
OASIS Cuando explotó el primer cerro chato, todavía quedaban escuelas y un poco de tejido burocrático. Ella recordaba perfectamente la explicación de la maestra, aunque no la había entendido. Pero recordaba la alegría y la esperanza con que le brillaban los ojos. Era agua lo que salía del cerro. Agua deshilachada en una gran cortina de humo blanco como homenaje de paz. Esas rocas duras y porfiadas que habían sostenido por años praderas fértiles y penillanuras onduladas y que habían evitado siempre los movimientos de tierras, ya no lo hacían. Es curioso cómo nos aferramos a lo eterno, a tener palabras y certezas infinitas en un mundo definido por no serlo. Siempre fue siempre sólo hasta que empezaron los eventos porque entonces ya nada fue predecible. Los oasis se instalaron poco después. Los expertos afirmaban que había que cuidarlos como oro pero en realidad había que cuidarlos como agua. Que el agua que emanaban era parte de un afluente subterráneo del mismísimo acuífero ...